No lo puedo evitar, cada vez que nieva me siento como una niña pequeña. Me encanta que me caiga encima, tirar bolas, hacer muñecos, hundir los pies en la nieve blandita, mirar hacia arriba y ver cómo se acercan los copos... es lo que tiene no haber conocido la nieve hasta los veintitantos! Para mí son pequeños placeres que estoy descubriendo y que disfruto tanto que hasta se me olvidan el frío y los pies helados. Este fin de semana no ha parado de nevar y está tooooodo cubierto de blanco, así que hemos aprovechado todo el tiempo que hemos podido al aire libre y hasta se me han roto las botas de agua con tanto trajín. Mañana me toca ir a comprar unas nuevas porque la nieve llega por encima de los tobillos y es imposible salir a la calle sin ellas, a ver si soy capaz de ir en bici y supero la prueba que he estado posponiendo todo el fin de semana.



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